Foto: Alonso Villalobos

La literatura asociada al análisis del desarrollo socioeconómico y el crecimiento económico dispone de una variedad de conceptos para diferenciar la evolución histórica de una sociedad, país o región. De este modo, los conceptos de modelo de desarrollo, proyecto de desarrollo, enfoque de desarrollo, estilo nacional de desarrollo y el de patrones de desarrollo (Patterns of Development) tienden a aproximarse a la noción de desarrollo por medio de su carácter teleológico; es decir se tiende a contemplar al desarrollo como el resultado de diferentes estadios, fases, lapsos que se superponen unos a otros y que guardan una relación causal entre sí. Por ende, la noción de desarrollo se caracteriza por guardar un horizonte utópico acerca de “aquello que se quiere llegar” o “aquello que se llegará” a partir de “lo que se tiene o se dispone hoy” y condicionado a si “se toman ciertas acciones o se siguen ciertos rutas”. Estos dos aspectos, el secuencial y el premonitorio, se han hecho presentes en las corrientes teóricas que han tratado de cobijar los conceptos mencionados, propiamente: modelo, enfoque, estilo y patrón.

 

En el caso específico de patrones de desarrollo se parte en la literatura contemporánea de la premisa de que las sociedades se decantan por dar prioridad a ciertas acciones o ciertas rutas en relación a otras. En este sentido, el desarrollo, es el resultado de la tensión entre proyectos y visiones ideológicas, muchas veces contrapuestas, que en luchas de poder entre grupos de interés y grupos de presión genera rumbos de acción predominantes que determinan la agenda del desarrollo y que incluso pueden generar patrones emergentes (Perkins et al., 2012; Currie-Alder et al., 2014). Por ende, los patrones de desarrollo son el resultado de un proceso dinámico, en el cual confluyen realidades sociohistóricas, luchas de poder e idearios políticos respecto a cómo en una sociedad se ha tendido a utilizar recursos disponibles (desde los materiales, naturales hasta los humanos) y cómo se ha procedido a crear instituciones sociales (formas de organizar la economía nacional, la economía rural, la economía urbana, de la producción y el consumo nacional, la incorporación a la economía internacional, el sistema financiero, el ejercicio de lo político, la resolución de conflictos políticos, la protección de grupos sociales vulnerables, entre otras variables), todo esto para alcanzar metas colectivas (Auty,1994; Hayami & Godo, 2005; Perkins et al., 2012).

 

Cabe señalar que, para Sheehan (1987), América Latina se ha caracterizado hasta entrada la década de los 80s por una definición de patrones de desarrollo marcada por una dimensión práctica resultante de conflictos generados por las crisis económicas producto de los precios del petróleo y por una dimensión más abstracta asociada a la aparición de debates ideológicos del desarrollo (teoría de la dependencia vs contrarrevolución neoclásica). Es así como en los 80s Costa Rica opta tempranamente por una economía abierta de mercado, la cual se mezcla con su pasado proteccionista, de intervención y regulación de la economía; lo cual tiene consecuencias también en el ámbito rural. Ahora, como argumenta Wiarda & Kline (2013) está nueva orientación en Costa Rica y en otros países de Latinoamérica no representa necesariamente una ruptura dramática con las luchas políticas del pasado, sino más bien su rearticulación en un escenario nuevo. A lo anterior se debe sumar las cargas de intentos anteriores representados por las limitaciones que poseen economías pequeñas -como la costarricense- que tendieron al endeudamiento público y menos en la inversión para sostener sus patrones de desarrollo (Franko, 2007).

 

Por otra parte, como lo señala McMichael (2007), la Globalización como fenómeno planetario y su intensificación en la últimas décadas ha tenido un efecto arrastre generando choques entre patrones de desarrollo tradicionales (o considerados autóctonos, que se fundamentaban en el sector primario y secundario) y los impulsados por la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unidos por sus mercados, sociedades y culturas; propiciando simultáneamente una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas en el plano nacional. Estas transformaciones afectan los estilos de vida, los patrones de consumo hasta las formas de interacción a lo interno de las sociedades. Costa Rica no ha escapado a estas tendencias y ha quedado atrapada, en lo que algunos llaman “un país subdesarrollado casi exitoso” (Garnier & Blanco, 2010); en dónde las características de “lo rural” ha quedado enmarcado en lo “menos exitoso” de las transformaciones (Arias, 1998; Fernández y Granados, 1999).

 

De este modo, el presente informe tiene como objetivo efectuar una caracterización de los Patrones de Desarrollo en Costa Rica en el período 1960-2000 clarificando el enfoque que ha prevalecido “hacia lo Rural” en tres etapas específicas (1960-1969, 1970-1981 y 1982-2000). Con este marco, se busca también explicar qué se ha entendido por desarrollo agrícola o rural en el marco institucional del Instituto Costarricense de Tierras y Colonización (ITCO) y del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), creados en 1961 y 1982 respectivamente. Para esto último se recurre a una revisión documental de las publicaciones efectuadas por cada una de estas entidades durante el período en estudio.

 

Para más información

 

Alonso Villalobos 

Correo: alonso.villalobos@ucr.ac.cr